jueves, 26 de marzo de 2009

ENTREVISTA AL DR. JULIAN MARTÍN ABAD

Por Mercedes Balcázar Flores

Julián Martín Abad, abulense de San Bartolomé de Pinares, 1946. Es Jefe del Servicio de Manuscritos e Incunables de la Biblioteca Nacional de España. De casta académica, Doctor en Filología Hispánica y Documentalista diplomado. De vocación tipobibliógrafo. Gran conocedor de la historia tipográfica española de los siglos XV al XVIII. Incrementó el mítico repertorio de Norton con 154 nuevos ediciones de post-incunables ibéricos. Muchas de sus obras han sido calificadas, por especialistas en el tema, de “Opus Magnum”.

Cabe mencionar entre sus trabajos tipobibliográficos más valorados los siguientes: “La Imprenta en Alcalá de Henares (1502-1600)” (1991),”La Imprenta en Alcalá de Henares (1601-1700)” (1999), “ Post-incunables Ibéricos” (2001) y ” Post-incunables ibéricos (Adenda)” (2007). Sobre las colecciones españolas de manuscritos e incunables: “Manuscritos de España: guía de catálogos impresos” (1989, con suplementos de 1994 y 1998) y “Los incunables de las bibliotecas españolas: apuntes históricos y noticias bibliográficas sobre fondos y bibliófilos” (1996). Bajo el título “El enredijo de mil y un diablos” ha ofrecido un cuantioso acopio de artículos sobre identificación y localización de ejemplares de ediciones primitivas, sobre antiguos impresores, bulas, comedias sueltas, sobre las colecciones de manuscritos y de incunables de la Biblioteca Nacional de España, y sobre piezas singulares de esas colecciones.

Debo reafirmar "Los que hemos tenido el gusto de conocerlo, hemos obtenido una deuda de gratitud” (A. Gómez Moreno en su prólogo a “El enredijo de mil y un diablos”), ya que nos ha permitido conocer y por ende preservar el patrimonio histórico-cultural de un país. Sin duda para Julián no existe trabajo que se le resista; su pasión, dedicación y entrega por la recuperación y descubrimiento de ediciones desconocidas y localización de ejemplares lo convierte en un investigador de trabajos intensos


1.-¿Cuando empezó su verdadera vocación por la Bibliografía y la Tipobibliografía?
Recuerdo un brevísimo periodo de tiempo de colaboración con Francisco Aguilar Piñal, cuando construía su monumental Bibliografía de Autores españoles del siglo XVIII, que comenzó a publicarse en 1981, como una experiencia inolvidable. Quizá sea el culpable de mi vocación de bibliógrafo. Mis estudios en la Universidad Complutense de Madrid y en la desaparecida Escuela Nacional de Documentalistas, y mi incorporación al Cuerpo facultativo de Archiveros y Bibliotecarios y definitivamente a la Biblioteca Nacional de España en 1984, me convirtieron, diría que inevitablemente, primero en tipobibliógrafo, por el contagioso entusiasmo de José Simón Díaz, y luego en un apasionado de las historias mil de los libros, gracias al amistoso magisterio de Justo García Morales, de Jaime Moll, de Francisco García Craviotto y de otros bibliotecarios. La lista sería inevitablemente larga. Antonio Odriozola fue y será siempre un inolvidable e impagable modelo.


2.-¿Desde cuándo escribe y cuántos títulos de estudio y consulta de Bibliografía Ibérica ha publicado?
Mi primera publicación de carácter bibliográfico fue un trabajo universitario, realizado bajo la dirección de Francisco Aguilar Piñal: Contribución a la bibliografía salmantina del siglo XVIII: la oratoria sagrada, editado por la Universidad de Salamanca en 1982. A partir de ese momento mis intereses como bibliógrafo se diversificaron enormemente en cuanto a los temas y los periodos históricos: la producción bibliográfica española del siglo XVIII, particularmente las comedias sueltas; la producción bibliográfica de Alcalá de Henares en los siglos XVI y XVII; las colecciones españolas de manuscritos y de incunables; los post-incunables ibéricos; la recuperación y anotación de textos de grandes autores, como Konrad Haebler, James P.R. Lyell, F.J. Norton, etc.; el análisis, la identificación, valoración cultural y la bibliofilia de manuscritos, incunables y otros impresos antiguos; etc. ¿Cuántos títulos de libros y artículos de carácter bibliográfico? No lo sé con exactitud, quizá ciento ochenta.


3.-¿Qué aporta el trabajo de Julián Martín Abad a la bibliografía? Como por ejemplo su catalogo de Post-Incunables Ibéricos: ¿es una obra de estudio, consulta, guía?
Aparte de los repertorios que he construido con el deseo de que tuvieran largueza en la utilidad y la consulta, aun convencido de que todo repertorio es provisional, creo que mi aportación más importante como bibliógrafo español ha sido mi convencimiento personal de que el trabajo llevado a cabo era y seguirá siendo necesario. Un convencimiento que he procurado, y logrado en muchos casos, contagiar. A pesar de los importantes cambios, cada día más acelerados, de los últimos tiempos.
Mi libro de 1991, La imprenta en Alcalá de Henares, 1501-1600, se convirtió en una especie de modelo de repertorio a imitar y ha motivado importantes realizaciones posteriores. Mi libro del año 2001, Post-incunables ibéricos, es una obra de estudio y de consulta sin duda, pero quizás algo más: el ejemplo más palmario de que los trabajos, especialmente los tipobibliográficos, como escribí al adicionar en 2007 ese mismo repertorio, recién terminados, recomienzan. Por cierto: continúo adicionando mis dos repertorios de impresos españoles y portugueses de los años 1501 a 1520.


4.-¿Cree usted que es importante el estudio, la investigación y la producción bibliográfica para el desarrollo histórico-cultural de un país?
A lo largo del tiempo el término “bibliografía” ha servido para designar: el estudio de los manuscritos y de la paleografía; la ciencia de la organización de bibliotecas, es decir, el “arreglo” de bibliotecas; la técnica de la descripción de libros; y, en fin, el estudio de la historia del libro. El significado de “bibliografía” como “lista de libros” o “repertorio bibliográfico” es relativamente reciente en cuanto a su implantación, aunque se había utilizado algunas veces con el significado actual.
El concepto y la práctica de la bibliografía como “lista de libros” preparada con unos criterios y unas determinadas técnicas, entró en conflicto, especialmente en el ámbito anglosajón, con un nuevo concepto: la bibliografía entendida como conocimiento y descripción del libro en cuanto producto tipográfico y editorial, en cuanto objeto material, dando nacimiento a lo que se conoce como “bibliografía material” o “analítica” o “crítica”, cercana a la “bibliología” o “ciencia del libro”. La bibliografía material se sitúa, pues, frente a la bibliografía “tradicional”, “enumerativa”, “repertorial” o “sistemática” que contempla al libro en cuanto producto intelectual. En muchos repertorios se produce una fusión de ambas perspectivas con resultados de muy alto valor. Su enorme utilidad para la investigación es fácil de deducir.


5.- ¿Cual es su relación con los bibliófilos y libreros anticuarios?
Es muy intensa. Bastará con leer mi prólogo al conocido libro de Francisco Mendoza Díaz-Maroto, La pasión por los libros: un acercamiento a la bibliofilia, publicado en 2002. La amistosa generosidad del gran bibliófilo Javier Krahe me permitió dar noticia hace unos años de la existencia en su biblioteca del primer ejemplar completo conocido de la edición de la Celestina de 1507. En mis repertorios bibliográficos se citan muchos ejemplares en bibliotecas privadas. Como bibliotecario de fondos antiguos es obvio que atiendo muchas consultas bibliográficas provenientes de bibliófilos de todo tipo.
También es intensa con los libreros anticuarios. Precisamente acaba de publicarse en la colección “Instrumenta Bibliologica”, que dirijo, un libro de mi buen amigo, el librero zaragozano Francisco Asín Remírez de Esparza, titulado El comercio del libro antiguo, del que soy en buena parte culpable. Los bibliotecarios, los estudiosos y los bibliófilos necesitábamos conocer los criterios de valoración y tasación de que se sirven los libreros anticuarios.
Prueba de esa relación intensa que declaro es la invitación para pronunciar, recientemente, una conferencia sobre “El transfondo bibliofílico de las colecciones de incunables de las bibliotecas españolas, en la inauguración del Congreso y Feria Internacional del Libro Antiguo celebra en >Madrid, los días 8 a 13 de septiembre del 2008.
Entre ambos colectivos, bibliófilos y libreros anticuarios, mis repertorios han sido siempre bien valorados y muy utilizados, como he podido apreciar en sus catálogos.


6.- ¿Desde qué punto de vista es útil la bibliografía para los libreros anticuarios?
El librero anticuario, al igual que el bibliófilo y por supuesto el bibliógrafo retrospectivo, aunque cada uno con propóstios diversos, necesitan identificar la pieza que tienen delante. Si se trata de un impreso antiguo necesitan examinar ese ejemplar en su condición de producto tipográfico, editorial, textual e histórico, y por lo mismo tendrán que realizar inevitablemente una consulta atenta a muchas y muy diversificadas fuentes de información, especialmente en forma de catálogos unitarios o colectivos de bibliotecas, de repertorios bibliográficos y de bases de datos automatizadas. Estas fuentes de información permiten el control de los ejemplares conocidos de una determinada edición o de las ediciones conocidas de un determinado texto. Pero el reconocimiento del valor de esas fuentes de información no debe nunca animarles a realizar una consulta desprevenida. Deberán recorrer los catálogos y repertorios no solo con ojo atento sino además con un conocimiento suficiente de las fórmulas descriptivas y de las convenciones metodológicas que están en el origen de esas fuentes de información. No se trata de una tarea rutinaria y sin riesgos. Requiere práctica y un especial sexto sentido bibliográfico.


7.- ¿Participa activamente la B.N en la adquisición de manuscritos, incunables, libros raros? ¿Cuál es su presupuesto?
Sí, las adquisiciones realizadas por la Biblioteca Nacional de España han sido muchas y muy valiosas. Si tomamos como ejemplo el caso de los incunables dichas adquisiciones han motivado la publicación de los apéndices segundo, tercero y cuarto al Catálogo de Incunables de la Biblioteca Nacional en los años 1993, 2002 y 2004. En el caso de los manuscritos se han ofrecido noticia, en artículos y boletines de nuevos ingresos, de las adquisiciones realizadas desde el año 1976 hasta el año 1997.
Carezco de una información concreta respecto al presupuesto destinado para la adquisición de materiales especiales, pero no creo equivocarme demasiado si afirmo que, últimamente, rondará un monto de 1.800.000 euros anuales.


8.- ¿Qué opinión le merece la producción bibliográfica en América del Sur? ¿En el caso del Perú?
Confieso que no dispongo de información suficiente para poder opinar sobre el particular.


9.-¿Cómo es la formación profesional del Bibliotecario y Archivero Español a diferencia del Latinoamericano?

Realmente en España, tras la desaparición de la Escuela Nacional de Documentalista, en los años ochenta del siglo pasado, no ha existido auténtica formación profesional. Existen funcionarios de Archivos y Bibliotecas seleccionados por oposición. No tengo datos concretos sobre la formación de profesionales en Latinoamérica, pero sospecho que no estará lejos de la situación que voy a presentar.
Precisamente este año se celebra el 150 aniversario de la creación del Cuerpo facultativo de Archiveros y Bibliotecarios. Hace unos días, una compañera, para preparar su participación en una mesa redonda sobre la formación profesional, me pidió que respondiera a una encuesta.
Contesté en un caso que consideraba que un “facultativo”, a secas, servía de muy poco, que cada tipo de biblioteca está para responder a una determinada demanda de servicios. Una Biblioteca Nacional, por ejemplo, decía yo, es una institución plural y necesita unos facultativos muy diversificados, sabedores de cual es su misión (utilizaba la palabra intencionadamente) y que, por lo mismo, no doblegasen jamás su opinión profesional frente a ningún tipo de presión política, espuria o utilitaria.
Respecto a los planes de estudios de las actuales Facultades de Documentación y a la pregunta de si esos planes respondían a las necesidades de formación, contesté, rotundamente, que no sirven para las necesidades de las bibliotecas de ayer, en las que yo he trabajado. Forman “manejadores” de ordenadores y bases de datos, pero no hombres y mujeres bibliotecarios o archiveros. No obstante, decía, desconozco cómo serán las bibliotecas y los archivos del futuro, y tampoco sé cómo serán los investigadores, aunque tengo mis sospechas. A lo mejor es eso lo que se necesitará en el futuro: instituciones epimeteicas, y facultativos amnésicos y lábiles.
Decir bibliotecario “humanista” es decir todavía algo, pero decir bibliotecario “digital” no sé qué puede significar, y decir bibliotecario “gestor” tampoco quiere decir mucho. Como ha escrito Neil Harris, eminente bibliólogo, una biblioteca puede morir por el exceso de lugares comunes y ha añadido que otra causa segura de muerte es el hecho de que su catálogo no responda a las necesidades plenas del usuario al que atiende.
En el caso de los bibliotecarios responsables de colecciones históricas es imprescindible un buen conocimiento de las lenguas clásicas, pues de otro modo muchos de los libros que forman el patrimonio bibliográfico y documental se convertirán en libros mudos, o, mejor dicho, estarán hablando a hombres sordos que no los pueden escuchar, como escribía recientemente un periodista español, Juan Manuel de Prada, en un artículo con título muy triste: “Hacia la noche”.


10.- ¿Participa la empresa privada en la recuperación de patrimonio bibliográfico y archivistito relacionado a la historia española?
Por supuesto que algunos bibliófilos han recuperado piezas de nuestro rico patrimonio bibliográfico y documental, puesto que aunque se conserven en sus bibliotecas privadas, pueden ser consultadas por los investigadores e incluso las prestan para grandes exposiciones, pero no podemos hablar realmente de una participación de la empresa privada en tal recuperación.


11.- ¿Que lo inspiró en recopilar una serie de artículos
bibliográficos y titularlo El enredijo de mil un diablos?
Lo he contado en mi nota “Al lector”: un editor amigo, Julio Ollero, rebatió mis razones para no aceptar su propuesta de ofrecer un conjunto de mis artículos. Acertó en su previsión puesto que el libro ha recibido muy elogiosos comentarios, particularmente de bibliófilos y libreros anticuarios. Mi título, El enredijo de mil y un diablos, es un homenaje a Antonio Odriozola, pues es el título de un artículo publicado hace años en un libro-homenaje, póstumo, al gran incunabulista. Enredijo es término despectivo de enredo, particularmente cuando designa un montón de hilos, alambres o similares. Odriozola la emprendió en algún momento contra las ediciones imaginarias o fantasmas de las obras de Nebrija. Mi subtítulo, De manuscritos, incunables y raros, y de fondos y fantasmas bibliográficos, proclama la multiplicidad de historias que puede vivir junta a, y con, los libros, un bibliotecario de fondos antiguos. Algunos de los artículos de esta recopilación muestran, simplemente, una forma de ser bibliotecario, forma posiblemente proclive a la extinción. Lo digo con profunda tristeza.


12.- Y ¿la poesía?
Es un tiempo personal debidamente enterrado en el silencio. Un dato, unas amistades, unas palabras posibles, pero sin duda frustradas, que tengo entre los recuerdos depurados. Hoy leo a los buenos poetas.


13.- ¿Qué proyectos para el futuro?
Enlazando con mi comentario anterior, aunque en cierto modo no veo futuro para la formación de profesionales, seguiré trabajando para que el autodidactismo sea posible y riguroso. He preparado la edición anotada de muchos textos clásicos sobre los libros antiguos. Está a punto de aparecer una obra pionera de Oscar Jennings sobre Las primitivas iniciales xilográficas en la Editorial Ollero y Ramos.
Tengo el convencimiento de que un proyecto profesional es realmente un proyecto vital, no un proyecto transitorio, subsidiario de una voluntad política y coyuntural. Gracias a ese convenimiento se encuentra en prensa, en estos momentos mi Catálogo bibliográfico de la colección de incunables de la Biblioteca Nacional de España. Será editada por la propia Biblioteca Nacional y está prevista su aparición para los primeros meses del próximo año. Dentro de unos años celebraremos el tercer centenario de la creación de la Biblioteca Real, luego Nacional. Procuraré estar en el acontecimiento con algunas publicaciones sobre bibliófilos y fondos; sobre historias de sus volúmenes; sobre ediciones, catálogos, desaciertos y robos, etc.
Un proyecto a largo plazo, en el que ya hace tiempo trabajo, es la construcción de un inventario de Manuscritos con pinturas de las bibliotecas españolas.

1 comentario:

  1. Corta pero sustancial, y con el valor de que no debio ser del todo facil hacerle una entrevista a este señor!! Yo rescataria una frase que me llamo la atención "Una Biblioteca Nacional.. es una institución plural y necesita unos facultativos muy diversificados, sabedores de cual es su misión ... y que, por lo mismo, no doblegasen jamás su opinión profesional frente a ningún tipo de presión política, espuria o utilitaria."
    Muy bueno este post.....

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